martes, 12 de febrero de 2013

Capítulo 13


Joel y yo sonreíamos. Me gustaba su compañía. No dejamos de hablar en toda la tarde. Adam me contó cómo él y Andy se conocieron por Myspace y luego se unieron Ryan y Joel. También me enseñaron algunas fotos de cuando eran más pequeños. Adam había tenido la época de llevar el pelo casco. La verdad es que le quedaba mejor el pelo como lo llevaba ahora, corto y de punta. Nos dimos los twitters y los números de teléfono para seguir en contacto los unos con los otros. También me dieron el de Ryan, ya que él, Andy e Irene seguían dando vueltas a su bola. Nos dimos cuenta de que ya era la hora de devolver las barcas, así que avisamos al otro grupo y nos dirigimos a la caseta. 

Al salir de las barcas, ya nos habíamos secado casi por completo, debido al sol que hacía esa tarde. Nos sentamos un rato en el césped. Ryan e Irene iban un poco por libre. Ahí había gato encerrado, pero ya me lo había imaginado. Yo me senté con  Adam, y me estuvo contando anécdotas del grupo. Joel y Andy desaparecieron unos minutos, pero volvieron con algunos sándwiches por si teníamos hambre, y algunos refrescos. 

-¿Y si les echamos pan a las palomas?
-Seguro que les gusta más mi pan que el tuyo. Siempre gusto yo más que tú.
-No te creas tanto, vaya a ser que se te suba a la cabeza. Venga, vamos.

 Nos alejamos un poco del grupo, y en cuanto empezamos a echar pan, todas las palomas que había por el parque, vinieron volando. Aquello se llenó de palomas en muy poco tiempo, y acabamos tirándonos en el suelo, entre ellas. Me sentía bien, me sentía en paz. Quería que el tiempo se congelase y permaneciésemos así durante mucho, mucho tiempo.



 Los chicos, al ver que no volvíamos, fueron a buscarnos y como todos estábamos muy cansados, se tumbaron con nosotros, espantando a las palomas. Esta vez, nos dedicamos a mirar al cielo, sin decir nada, simplemente, a disfrutar del momento. 

-Chicos, siento estropear el momento, pero se está haciendo tarde…
-Si, deberíamos irnos ya a casa.
-Esto hay que repetirlo.
-¡Estoy de acuerdo contigo Ainé! - dijo Ryan con tono entusiasmado. 

Nos acompañaron hasta la parada del autobús, y nos despedimos. Nos dio pena que el día acabara, pero prometimos volver a quedar pronto. 

De camino a casa, me llegó una petición de grupo de Whatsapp llamado: “Gansos y CÍA”. Vale, eran Andy, Adam, Joel, Ryan, Irene y yo. El nombre era algo… raro, pero ya tendríamos tiempo de cambiarlo. Miré la foto que habían puesto en el grupo. Era una foto de ellos cuatro.




Salían realmente bien. El grupo de Whatsapp me alegró la vuelta a casa. Estuvimos hablando de tonterías. Y no se cómo, empezamos una batalla de emoticonos. Cada uno tenía que poner uno, y el primero que repitiese uno, se eliminaba. Yo me había pasado muchas tardes jugando a ese juego y Adam al parecer también. Al final, los chicos nos amenazaron con echarnos del grupo si no parábamos, así que tuvimos que hacerlo. Lo dejamos en un empate. Se despidieron de nosotras, ya que al día siguiente tenían que volver a reunirse con su manager para cerrar el trato del video clip que grabarían pronto. Estaban muy emocionados con la idea de irse a Los Ángeles a grabar un video. Su primer video clip. 

Legué a casa sobre las once. No tenía ganas de hacerme la cena, así que me hice una taza de chocolate caliente, era raro, yo, tomando chocolate caliente. Rara vez pasaba eso. Me senté en el sillón, me tapé con una manta y me puse a escuchar “Taking over me”, una de las canciones de los chicos.


Me desperté a las diez, bueno, más bien, alguien me despertó….
-¡Buenos días dormilona! - dijo un Tyler sonriente.
-Hola grandullón. ¿Qué haces despierto a estas horas? ¿Estás enfermo? ¿Te encuentras mal?
-No, simplemente quería pasar el día con mi mejor amiga, y tenía ganas de que empezase ya.
-Bueno, pues manos a la obra. 

Me encontraba de tan buen humor, que nada más desayunar, salimos a hacer ejercicio un rato. Correr por las mañanas era una buena forma de despejar la mente, y de disfrutar del buen día que hacía. 

Cuando creímos que estábamos lo suficientemente cansados como para descansar, fuimos a casa. Tyler, como el gran caballero que era, dejó que yo me duchase primero. Cuando salí de la ducha, mi ropa no estaba allí. Simplemente había una camiseta grande de Tyler. ¿En serio? ¿Bromitas por la mañana? 

-¡TYLER! ¿Dónde está mi ropa?
-No sé, tú sabrás dónde la has dejado - oí que me hablaba desde la que se había convertido en su habitación. 

La única toalla que me había dejado era tan pequeña que no me serviría de nada… ¿Tanto me relajaba la ducha que no me daba cuenta cuando alguien entraba y se llevaba mi ropa? Evidentemente la respuesta era sí. 

-¡Tyler! ¡Dame mi ropa o tendremos un problema!
-El problema lo tendrás tú, porque yo no tengo ninguno ahora mismo.
-Anda, dame mi ropa por favor.
-Está bien, te la daré si vienes a por ella.
-Ni en sueños voy hasta allí desnuda.
-Usa mi camiseta.
-Me las vas a pagar señorito. 

Me sequé como pude con aquella toalla diminuta y me puse la camiseta de Tyler. Al menos me tapa lo necesario para no ir haciendo un striptease. 

-¿Por qué me haces esto? – dije entrando en la habitación. Me quedé quieta, al ver que en el pasillo estaba tirada toda su ropa… mala señal. En mi mente hubo una batalla para decidir si entrar o darme media vuelta. Al final, el bando que defendía entrar en la habitación se proclamó vencedor, así que decidí entrar. 

Ahí estaba, tumbado en la cama, tapado con la sábana y con mi ropa entre sus manos. 

-¿Qué haces así? ¡Tapate un poco!
-¿Por qué? ¿Te molesta?
-Un poco, si.
-¿Y eso? ¿Te pone… nerviosa?
-¡Cállate y dame mi ropa!
-Aguafiestas. Toma, ahí la tienes. 

Echó mi ropa a los pies de la cama, y salí corriendo para que no me la volviera a quitar. Cuando terminé de vestirme, volví a la habitación. Seguía en la misma postura en la que le había viso cuando me fui, pero esta vez, estaba jugando con una pulsera. Era una pulsera marrón y verde que me sonaba mucho… pero ahora mismo no caía dónde la había visto antes. 

Cuando atravesé la puerta, escondió la pulsera y sonrió. ¿Por qué había escondido aquella pulsera? ¿Qué tenía que no quería que yo la viese? Me sentó bastante mal que me ocultase una pulsera, una maldita pulsera. 

-¿Y esa pulsera?
-¿Qué pulsera? – dijo intentado parecer intrigado.
-Con la que estabas jugando antes de que yo entrara en la habitación.
-Ah, eso. No es nada, sólo es una pulsera. 

Empezaba a molestarme que le quitara importancia al asunto, cuando el que me estaba ocultando algo era él. 

-Si, sólo una pulsera. Entonces dime, ¿por qué la escondes?
-En serio, sólo es una pulsera. No te preocupes, no es nada, de verdad.
-Tyler, si sólo es una pulsera que no significa nada, déjame verla. 

Se notaba que no quería dejarme que la viera, pero al final cedió y me dejó verla.



-Esta pulsera…me suena…. ¡Ésta pulsera se la regalé yo a alguien!
-¿Eh? No, no, no puede ser. Esa pulsera es mía.
-¿Dónde he visto yo antes esta pulsera? Déjame ver… 

Me fui a mi habitación, directamente a los armarios, dónde tenía pegadas fotos de mis amigos, familia, cantantes favoritos, dibujos hechos por mí… 

Tyler se puso rápidamente unos calzoncillos y vino detrás de mí. 

-¡CLARO! ¡Ésta es la pulsera de Andrea! Recuerdo que la llevaba cuando fuimos al cine, que se le desató y tuvimos que buscarla por le suelo. Y si es suya… ¿por qué la tienes tú?
-Eh… si, bueno… es una larga historia.
-Bueno, tengo todo el tiempo del mundo. Pero por favor ¿puedes no estar tdoo el día sin camiseta y sin pantalones? Gracias.
-Voy a ducharme, al salir te cuento lo que me has pedido.
-Vale, pero date prisa. No pienso moverme de aquí hasta que me lo cuentes. Sabes que no me canso de esperar. 

Tyler se tomó su tiempo para ducharse. Mientras, miré el móvil. Tenía 157 mensajes de Whatsapp. Les había cundido la mañana a los “Gansos y CÍA”. Me dio tiempo a leer todos los mensajes y de desearle suerte a los chicos para la reunión. Por fin, salió Tyler de la ducha… 

Deje que se vistiera y nos sentamos en la cama. 

-Estoy preparada para escuchar lo que me cuentes.
-¿Estás segura de que quieres saberlo?
-Muy segura. Venga, deja ya los secretismos y cuéntamelo, que me voy a hacer vieja antes de que me lo cuentes.
-Pues… Cuando fuimos a comer con Irene y Andrea, cuando desapareciste…
-Si, me acuerdo de eso.
-Irene fue a buscarte y yo me quedé con Andrea por si volvías.
-Hasta ahí lo entiendo. Sigue. 

Estaba demorándose mucho. No parecía que le costase mucho contármelo. Es más, parecía divertirle todo esto. 

-Estuve hablando con Andrea y… bueno….yo estaba triste porque había hecho que te sintieras mal y… ella intentó consolarme. Estuvimos hablando y… 

No, no podía creer lo que iba a venir a continuación. 

-Bueno, supongo que ya te imaginarás cómo acaba la historia… ¡No lo hice con mala intención! Simplemente… estaba ahí cuando…
-¿Cuándo lo necesitaste? – eso fue todo lo que conseguí que salieran de mis labios. Seguía atónita.
-¡Si! Bueno, no precisamente…
-¿La utilizaste como un pañuelo? – ahora lo que salía de mí eran acusaciones hacia él y su forma de actuar. No podía creer lo que había hecho. No con Andrea. No con mi amiga.
-¡No, no! Simplemente… nos besamos, Luego estuvimos hablando y me confesó que yo le había gustado desde hacía bastante tiempo pero como me tuve que ir a Italia y perdimos el contacto…
-Pero ahora estás aquí.
-Eso fue exactamente lo que me dijo después.
-¿Y te quedaste con su pulsera, así porque sí?
-No… erm… verás…
-Al grano Tyler.
-Ayer no fui exactamente a casa de Miguel…
-¿Me estás intentado decir que te has acostado con Andrea?



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¡HOLA!
ESTE CAPÍTULO VA DEDICADO A ANDREA. TE QUIERO LIMÓN.
SIENTO TARDAR TANTO EN SUBIR CAPÍTULO. HE TENIDO PROBLEMAS CON EL ORDENADOR. ESPERO QUE NO VUELVA A SUCEDER.
¡MUCHAS GRACIAS POR LEER, DE VERDAD!

Ainé
@annie_aine



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