jueves, 10 de enero de 2013

Capítulo 5


Con el reencuentro de Andy, nos habíamos olvidado de mirar el reloj, así que ahora teníamos que ir corriendo a coger el autobús para llegar bien a casa de Irene. El viaje de vuelta se nos hizo muy corto, ya que no parábamos de hablar de Crónicas Vampíricas y de Ian Somerhalder. El ascensor tuvimos uqe compartirlo con una señora y sus dos hijas. Íbamos un poco apretadas, y así estuvimos hasta que llegamos al séptimo. Nuestra parada.


-¡Hola mamá!

-¡Hola tía!

-¿Cómo habéis tardado tanto? ¡Son casi las nueve!


Irene respondió, tal cual lo habíamos ensayado.


-Perdimos el autobús y a la vuelta, pensamos en ir a ver a Andrea, pero no nos cogía el teléfono, así que fuimos hasta allí, y resulta que no estaba.

-Anda que… ya os vale. Ainé, he llamado a tus padres y les he dicho que si quieres, te quedes a dormir.

-¿Y que han dicho?

-Que tu eliges.

-¡FIESTA DE PIJAMAAAAS! Jajajaja

-Lo suponía. Llamaré a tu madre.

-Gracias tía.


Mis tíos y mi primo ya habían cenado y nosotras no, así que tuvimos que hacernos la cena. RESULTADO: sándwich de jamón serrano, queso de cortar, dos salchichas y ketchup. Estaba bueno y todo.
Todos se acostaron, y nosotras nos quedamos en el salón, cada una en un sillón. Yo siempre me quedaba mirando por al ventana. Me encantaban las vistas de Madrid desde su casa.



Estuvimos hablando hasta las cuatro de la mañana, a esas horas entraba el aire por la ventana y se estaba muy agustito.



Por la mañana nos despertó mi tía, no recuerdo ni qué hora era. Desayunamos y después vimos los primeros capítulos de la primera temporada de Crónicas Vampíricas. Después de comer, nos fuimos a su habitación y nos pusimos en el ordenador. Siempre hacíamos lo mismo: Twitter, Tumblr, Asco de vida, Youtube y otra vez Twitter. Cuando estábamos mirando Twitter con la cuenta de Irene, vimos que tenía un mensaje directo de Andy: “¡Buenos días! He visto que Ainé no es de por aquí… ¿qué os parece si quedamos esta tarde y os invito a ese café? ;)” Nos pareció un poco precipitado, pero le dijimos que sí. Por la tarde, le dijimos a mi tía que el día anterior nos habían dicho que si volvíamos nos regalaban dos cafés, así que nos dejó ir.


Nos pusimos la ropa que habíamos comprado el día anterior, y salimos de casa. 



Nos fuimos a la parada del autobús, esperando que él estuviera allí. Llegamos a la parada, y él no estaba allí.

Bueno, podría haber cogido el autobús en otra parada, o haber cogido el autobús anterior. Así que no nos desilusionamos.
Esta vez, fuimos directamente al Starbucks. Al llegar, el chico del mostrador nos pregunto algo que nos extrañó:

-¡Hola! ¿Vosotras sois las señoritas Somerhalder?

-¿Este qué dice? – le susurré a Irene.

-Sí, somos nosotras.

-Ha venido un chico y me ha dicho que os de esta carta y estos dos café Mocca.

-Ermmmm….¡¿¡Gracias?!? – dije yo, todavía en shock.

Nos sentamos en una de las mesas y empezamos a leer la carta:
        
“Queridas señoritas Somerhalder,
me ha surgido un imprevisto y he tenido que irme pero antes he querido cumplir mi promesa. Así que ahí tenéis los café Mocca, que os dije. Si os lo habéis terminado y no he llegado, os deberé otros dos cafés. Haré todo lo que pueda para llegar a tiempo.
Los siento chicas,
        

Andy”


-Pues vaya… – dije yo, decepcionada.

-Míralo por el lado bueno: si no viene, nos invita a otros dos cafés.

-Pero yo no quiero más cafés…

-Tú le quieres a él eh eh eh eh.

-¡Qué dices! Yo lo digo porque si no viene hoy, no le volveremos a ver, a no ser que quedes tú con él y yo os hable por Whatsapp o algo así.

-Eso es cierto….

-Qué caca.

Pasaron veinte minutos y como no había venido Andy, nos fuimos a dar una vuelta por el centro comercial. Fuimos a Claire’s y nos probamos diademas y gorros, los más ridículos que encontramos.



Como ninguna de las dos nos atrevíamos a preguntar, al final, me tocó a mí.

-Bueno, ¿y qué hacemos? ¿Nos vamos?

-Como tú quieras.

-Hemos venido aquí por él y va, y no se presenta.

-Bueno Ainé, al menos ha dejado una nota. Podía no haberse presentado sin avisar.

-Sí, eso sí…


Decidimos volvernos a casa y olvidarnos de todo. Al rato llegaron mis padres y me fui a casa. Hogar dulce hogar.




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