sábado, 5 de enero de 2013

Capítulo 3


Hoy he quedado con mi prima para hablar del asuntillo de la apuesta. El plan es ir a la Gavia, ir de tiendas (lo que resultaba una muy buena terapia a veces) y tomarnos un café.


Antes de salir de casa, la pregunté qué podía ponerme, como siempre, yo tan insegura de la ropa. Era una pesada, pero ella me quería. Al llegar allí, ella estaba esperándome en el portal, así que fuimos andando hasta al parada del autobús. 



Nos pusimos al fondo, como siempre y empezamos a mirar hacia atrás. Nos dimos cuenta de que en la parada del autobús, había un chico bastante mono que nos estaba mirando. Empezamos a jugar a las miraditas (a mi prima y a mí nos encantaba ese juego). Terminamos riéndonos y el autobús arrancó y el chico nos despidió con la mano y nosotras le correspondimos. Esa era una buena forma de empezar la tarde.


Lo primero que hicimos cuando llegamos al gran centro comercial, fue ir a la Fnac. 
¡Nos encantaba esa tienda! Siempre íbamos allí a cotillear y esta vez íbamos a comprarle el regalo de cumpleaños a Andrea, el miembro que faltaba para que estuviéramos las CSF al completo. Las CSF es un club, por así decirlo, en el que estamos mi prima Irene, Andrea y yo. Nadie más. Solemos quedar las tres juntas, incluso tenemos las llamadas Navidades CSFeras. Siempre lo pasamos bien cuando estamos las tres juntas.
Le compramos la segunda temporada de Crónicas Vampíricas. Cuando ya nos habíamos recorrido la tienda entera, decidimos ir al HYM a comprar una camiseta de Nirvana para Irene, y unos pantalones de talla alta, de los que estaba obsesionada, también para Irene. Yo acabé probándome una camiseta de tirantes con una mano de esqueleto haciendo el símbolo de la paz. Ella encontró lo que buscaba, y yo encontré algo que me gustaba, así que pagamos y nos fuimos al Starbucks a comprarnos un café Mocca para cada una.


-¡Buenas tardes! ¿Qué vais a tomar?- dijo el chico del mostrador.

-Dos cafés Mocca de tamaño mediano, por favor- le respondió Irene con una sonrisa.

-¿Vuestro nombre?


Las dos nos miramos, y esta vez, fui yo la que respondió:
-Somerhalder, señorita Somerhalder.


El chico nos miró un poco raro, pero después sonrió. Yo creo que le hizo gracia y todo.

-¿Cogemos el café y nos sentamos?- me preguntó Irene.

-Vale, como quieras.

-¿Has traído al cámara?- dijo Irene con sus ojitos de cachorrito abandonado.

-Siempre la llevo, otra cosa es que me haga fotos con ella.

-Pues háztelas conmigo.

-Vaaaale, pesada.


Nos hicimos fotos juntas, por separado, con los vasos del café…de todo tipo. Estábamos tan a  nuestra bola que no nos dimos cuenta de él, hasta que se acercó a nosotras.




-¡Hola!


Era un chico muy mono con el pelo rizado y los ojos color miel.  Su cara me sonaba, pero no sabía de dónde.

-¿Ahora no me saludáis?

3 comentarios:

  1. SI TENÉIS ALGUNA DUDA O QUERÉIS DECIRME ALGO, PODÉIS HACERLO DEJANDO UN COMENTARIO AQUÍ O EN MI TWITTER PERSONAL @annie_aine

    ¡GRACIAS!

    ResponderEliminar
  2. Esta muy chula, me encanta cronicas vampiricas y las historias sobre la rutina

    ResponderEliminar